Voces del Periodista Diario

PRI: Ayer maravilla fui, pero hoy ni mi sombra soy

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

En el viejo código de comunicación, accesible al ciudadano de a pie, el uso era desintegración. En la jerga tecnocrática, sólo para iniciados, el término es destructuración.

Se refiere al proceso de divergencias sociales objetivas que, en su dispersión, conduce a un punto crítico de ruptura. Lo usa la filosofía, pero, según nuevos estudios, se aplica a la administración, a la familia y a la política.

Irónicamente, durante el periodo en que se ha publicitado la transición democrática, en México se ha presentado ese fenómeno de desintegración, que desemboca en las instituciones del Estado, en las formaciones políticas y en el sistema en su conjunto.

El proceso se ha presentado exponencialmente en la reciente sucesión presidencial, que culmina el próximo 30 de noviembre.

Para referirnos concretamente al estado que guardan los partidos políticos, la amenaza de destrucción interna se observa en el PRD, en el PAN y el PRI.

Por su más larga permanencia histórica en el poder político hegemónico y por su nuevo desplazamiento como resultado de las elecciones del pasado de julio, para estas notas reservamos al que nació en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR).

En su segunda denominación como Partido de la Revolución Mexicana (1939), fue integrado por cuatro sectores, el obrero, el agrario, el popular y el militar. Con su transformación en PRI (1945-1946) y el arribo de la primera presidencia civilista, el último sector fue cancelado.

Siete triunfos en elección presidencial en línea

En lo sucesivo, con los votos de la clase trabajadora de la ciudad y el campo, el PRI ganó siete elecciones presidenciales hasta 1982. Todavía entonces,  los politólogos hablaban del PRI como u partido monolítico.

Para 1988, la hegemonía tricolor empezó a fracturarse. Entonces se planteó la idea liquidar la dictaduras de los sectores. Se consideró hasta la  iniciativa de cambiarle de nombre al reputado como invencible.

El impacto de esa ofensiva repercutió en la estabilidad del Congreso del Trabajo como organización unitaria, y del Consejo Agrario Permanente, que llegó a catalizar incluso a centrales no priistas nominalmente.

Apenas ha subsistido la masa burocrática dividida en dos federaciones; sólo una de las cuales tiene garantizado el cobro de cuotas, de lo que se encarga la Tesorería de la Federación.

Para los sectores obrero y agrario, sólo las migajas

De 1988 en adelante, las cuotas de candidatos de los sectores agrario y obrero a puestos de elección popular se fueron regateando. La selección favoreció básicamente a la confederación de las clases medias y a un creciente número de candidatos “sin sector”.

Durante el periodo de las presidencias tecnocráticas, conforme el esquema corporativo, todavía se conservaron subsidios de la Secretaría del Trabajo a las centrales sindicales obreras; de la Secretaría de Agricultura, a las campesinas, y de la Secretaria de Educación a ambas vertientes.

Rumbo a la década de los noventa, sin embargo, se condicionó esos subsidios públicos exclusivamente a actividades ordinarias, de las que se excluyeron los programas de formación política y doctrinaria. Para entonces, el PRI había prescindido de las secretarías de Divulgación Ideológica y de Acción Política.

Los déficits se fueron acumulando, al grado de que la Secretaría de Finanzas del Comité Ejecutivo Nacional del PRI sólo destinaba recursos en dinero a esos sectores en épocas de campaña, principalmente las federales y en especial la presidencial. Por supuesto, recursos de subsidios públicos.

La Confederación de Trabajadores de México (CTM), eje del sector obrero tricolor, se vio precisada a elevar las cuotas a los sindicatos nacionales y a las federaciones de los estados, instituidas desde su fundación.

Por consideración a la precaria economía de los ejidatarios y comuneros, la Confederación Nacional Campesina (CNN), núcleo del sector agrario, fue omisa en la imposición de cuotas a sus agremiados. Sólo hasta recientes años las Ligas de Comunidades Agrarias estatales empezaron a imponer cuotas, en algunos casos basadas en la producción de la tierra en propiedad social.

De cómo se arrinconó a la clase trabajadora

En el periodo neoliberal, con la restricción del derecho de la huelga, la fijación de topes salariales y   la implantación de los contratos de protección empresarial, ahora extendida a la contratación laboral triangulada, las centrales obreras se fueron menguando con la desindicalización.

Con la contrarreforma agraria de 1992, por la que los ejidatarios y comuneros pasaron a la condición de jornaleros o de braceros, la principal central campesina del PRI, la CNC, llegó a tal situación que en 2017 su dirigente nacional fue derrotado en las elecciones de gobernador en Nayarit.

Los sectores descritos fueron los que históricamente aportaron al PRI el voto duro en cada elección constitucional. En 2018, fue evidente que no bastaron los votos promovidos por la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) para salvar la candidatura del candidato presidencial del PRI.

Todo quedó en franquicia-siglas-logo

Perdida la presidencia de la Republica, reducida al mínimo la representación en el Congreso de la Unión y en minoría en los gobiernos estatales y municipales, ahora el crepuscular Enrique Peña Nieto ha sugerido -por segunda ocasión en tres décadas- hasta cambiarle de nombre al partido.

Lo que indica esa insinuación, acogida por la sustituta dirigencia nacional, es que  se ve ya al PRI como mera franquicia-siglas-logo; como un cascaron, para decirlo plásticamente, al que le fue sustraído el “espíritu”, encarnado por un priismo de base militante.

Lo hemos dicho en otras ocasiones en palabras de Seymour Martin Lipset: Un partido democrático no puede, sino muy raramente, convencerse de que debe abandonar sus principios fundamentales, y nunca puede permitirse la eliminación de su mito principal. (Que quede claro, democrático.)

Para decirlo de acuerdo con la biografía del PRI: Alguna vez su  consigna fue por una democracia de los trabajadores; en otra, democracia y justicia social. El PRI abandonó esos mitos y ha pagado el costo en las urnas. ¿Es posible que se levante de sus cenizas? Lo del Ave Fénix es otro mito. Pero del Paleolítico. Es cuanto.

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